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Las lesiones repetitivas son un síntoma

Nos preguntamos hasta cuándo los profesionales del mundo del deporte seguirán haciendo la vista gorda y tratando con los jugadores como simples máquinas o cuerpos sin alma. Aunque algunos jugadores pretenden alzar la voz y reclamar por sus derechos, aún ese clamor no alcanza. Muchos, se ven seducidos por el circuito donde la montaña de dólares da recompensa y la fama y demás yerbas son el canto de sirena que los adormece y lleva sus vidas.

La psicología del deporte, en este punto, tiene la exclusividad de centrarse en operar con las funciones psicológicas para mejorar el rendimiento, o no disminuirlo en todo caso.

Durante muchos años, fuimos responsables de mantener por separado o escindido lo psíquico y somático y eso es un grave error. Años de pensamiento y formación académica centrándose en lo psíquico (psicología) y en lo somático (medicina) han dejado su huella. Sin embargo, hoy desde la psicología del deporte, la validez y pertinencia de enfocarnos con una mirada integradora, donde lo psíquico y lo somático forman parte de una unidad que se interrelacionan permanentemente  es algo sobre lo que hacemos énfasis.

Cuando un jugador se lesiona, y más si lo hace de manera repetitiva, para nosotros es un síntoma de que algo más le está pasando a la persona. No alcanza con mediciones, cuidados corporales, dietas, tiempos de descanso muscular, o profecías de gurú. Esas lesiones, son un modo de expresar corporalmente algo que la mente no puede o no alcanza a manifestar. Además, expresar cuestiones de índole psicológica son generalmente mal vistas en el ambiente, tomadas como falla, debilidad y/o locura. Todo esto ayuda poco a que alguien acepte tratarse psicológicamente y generalmente lo que pasa es que sigue pensando sólo en jugar, combatir, ganar, superar. Pero, lo no consciente buscará siempre el modo de salir y exteriorizar lo que al sujeto verdaderamente le ocurre. Será como dolor, como ansiedad, como conductas inadecuadas, dentro o fuera de una cancha, representado como bajo rendimiento, pero será.

Si queremos dar respuestas a cómo esto acontece, podemos puntualizar que en condiciones normales el tono muscular óptimo es resultante de la contracción y relajación sinérgica de grupos musculares específicos. Por eso, ocurren variaciones con el apronte competitivo y durante el juego. Así mismo, los estados de tensión, angustia, temor, dolor,  sobrecarga, etc. influyen desde el comandante en jefe (el cerebro) haciendo variar y generando asincronías en los grupos musculares requeridos; propiciando de este modo la aparición de calambres, contracturas, malos movimientos, y por ende de lesiones.

En todos estos casos, la causa no es primariamente originada por una cuestión somática, muscular u orgánica, sino puramente psicológica, con su consecuente repercusión corporal. La causa se origina en estados mentales. Dichos estados mentales, no son necesariamente una enfermedad, sino que pueden ser la respuesta del sujeto a las circunstancias que en ese momento atraviesa y  que además a veces le son desconocidas por su voluntad consciente.

Cuando las presiones externas confluyen con las internas, cuando se debe ser más grande o más omnipotente que lo que se puede, cuando ciertas necesidades de cuidado se postergan, cuando la adaptación a las demandas exteriores rebasa cierto límite (sobreadaptación) el sujeto buscará ser oído, atendido y no más demandado. Y lo hará de la manera que le salga. Quizás la enfermedad, las lesiones o para otros las adicciones sean un camino demasiado costoso,  por sus tiempos de recuperación y fama perdida.

Desde Sportmind, podemos prevenir y resolver estos problemas atendiendo y protegiendo al jugador de modo que asimile el cuidado de su persona; integrando lo  psíquico inconsciente con lo consciente y todo eso con lo corporal con profesionales idóneos y capaces de ver más allá de lo manifiesto.

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